Dedicado a

María Candelaria (Maruja) García Gutiérrez. Mi abueliña

Mi abuela se llamaba de nacimiento María Candelaria. Era un ser de luz, como su propio nombre indica. Nació en Pinténs, en condiciones de mucha necesidad, a principios del siglo XX. De muy pequeña la mandaron a Ferrol (en aquel entonces (El Ferrol del Caudillo) a servir a una casa. Los dueños la dejaron abandonada con La Guerra Civil, hasta que entró a trabajar para otros señores, amigos de los primeros, con los que iba a la casa de veraneo de Igrexafeita. Allí conocería a mi abuelo Inocencio.

Este blog está dedicado a ti, abuela, María Candelaria, «Maruja». Me lo ha pedido mamá. No te conocí en tus momentos de juventud, pero aun así, te siento tan cercana, como si fueras una presencia constante en mis recuerdos. Aunque tu vida estuvo marcada por desafíos y no pudiste estudiar ni tener las oportunidades que otras sí pudimos disfrutar, tú fuiste, sin duda, una de las mujeres más sabias y valientes que jamás haya existido.

En tu vida, la lucha fue diaria, pero nunca perdiste la sonrisa ni la determinación. Te enfrentaste a todo con la fuerza de una mujer que sabía lo que quería, lo que amaba y, sobre todo, lo que podía dar. Tu capacidad para proteger a los tuyos, para sostenernos con tu cariño, fue más valiosa que cualquier título académico que pudieras haber tenido.

Tu sabiduría era infinita. Siempre me enseñaste, sin saberlo, que la verdadera educación no está en lo que aprendemos en las aulas, sino en cómo nos relacionamos con los demás, en cómo afrontamos las dificultades y en cómo seguimos adelante con valentía, sin miedo a lo que venga.

Sueño contigo muchas veces, abueliña. Aunque sueño que estás enferma, porque el cáncer no te perdonó, te veo también cocinando y silbando mientras planchas, limpiando el agua acumulada en las ventanas de la calle Fontaíña, o haciéndonos el bocadillo de nocilla.

Este blog es para ti, abuela Maruja, para mantener viva tu memoria, para recordarte tal como eras: valiente, decidida, un ser inmenso con un alma pura. Eres un modelo de mujer en todas sus formas, y aunque el mundo no te dio las oportunidades que te merecías, tu legado vive en cada uno de nosotros. Sin duda alguna, fuiste la maestra más grande que pude haber tenido.

Te quiero, abuela, y te rindo este pequeño homenaje para que tu historia siga viva en el tiempo.