En la vasta y vibrante obra de Yayoi Kusama, la artista nos invita a sumergirnos en un universo donde el vacío y la repetición no son sinónimos de monotonía, sino una puerta hacia lo infinito. Sus famosas instalaciones de la serie Infinity Mirror Rooms son mucho más que un despliegue de luces, reflejos y patrones hipnóticos; son una exploración profunda del vacío como concepto y experiencia, un espacio donde lo visible se disuelve en lo invisible.
El vacío, en el arte de Kusama, no representa carencia. Al contrario, es un terreno fértil para la creación y el descubrimiento. En esas habitaciones aparentemente interminables, el espectador se enfrenta a su propia existencia, perdida y expandida al mismo tiempo. La sensación de infinitud nos recuerda cuán pequeños somos frente a lo que no podemos abarcar con los sentidos, pero también cuán infinitos podemos ser en nuestra capacidad de imaginar y sentir.
Esta concepción del vacío resuena profundamente con las filosofías del zen japonés, donde el «ma» (間), que podría traducirse como el «espacio entre cosas», se considera tan significativo como los elementos representados. En una de las obras de Kusama, al estar rodeados de espejos y luces titilantes, experimentamos una ausencia llena, un vacío que contiene todas las posibilidades. La serie Infinity encarna esta dualidad: estar inmerso en algo que parece ilimitado, pero que al mismo tiempo nos confronta con nuestra fragilidad y límites como humanos.

En palabras de Kusama, sus obras son un intento de expresar su propia visión de la vida y del universo. La artista, que a lo largo de su carrera ha luchado con sus demonios internos, utiliza el arte como un acto de resistencia y de sanación. En sus palabras: “Las polka dots (lunares) son una manera de desvanecerme a mí misma en el infinito, de olvidar el yo y perderme en la totalidad del universo.”
Como alguien que también ha encontrado en la fragilidad y el caos una forma de conectar con la plenitud, la obra de Kusama me resulta un recordatorio de que el vacío no es algo que temer. En los momentos más oscuros, aprendí que dejar espacio para lo nuevo —incluso cuando ese espacio se siente como un abismo— puede ser la base de una nueva perspectiva. Kusama, con su arte, nos muestra que el vacío es ese lugar desde el cual se puede renacer, un recordatorio de que la expansión no ocurre sin antes dejar ir.
Tal vez, en cada uno de nosotras, existe un pequeño cuarto de espejos infinito, un lugar donde las luces y sombras de nuestra experiencia convergen y se expanden. Kusama nos anima a entrar en ese espacio, no para escapar, sino para encontrar una nueva forma de estar en el mundo: no en lucha constante con el vacío, sino en diálogo con él.
¿Y no es eso, en esencia, la vida misma? Una serie de puntos que, al conectarse, crea algo que no podemos abarcar del todo, pero que sentimos con cada fibra de nuestro ser: lo infinito dentro de lo finito, el todo contenido en el vacío.


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