En nuestra vida diaria, buscamos constantemente la felicidad, pero, ¿sabemos realmente lo que significa ser feliz? A menudo hablamos de la felicidad, pero hay dos formas principales que la psicología distingue: hedónica y eudaimónica.
- Felicidad hedónica es la que se basa en el placer inmediato, en las sensaciones agradables que buscamos a través de cosas externas como comidas deliciosas, experiencias excitantes o el consumo. Es una felicidad efímera, centrada en el aquí y ahora, pero que no necesariamente deja una huella duradera en nuestro ser.
- Felicidad eudaimónica, por otro lado, se refiere a un tipo de satisfacción profunda que proviene de vivir una vida con propósito. Es la alegría que surge al perseguir metas que alinean con nuestros valores, las que nos hacen sentir que estamos contribuyendo al mundo de una manera significativa. Esta es la felicidad que llega cuando nos conectamos con nuestro camino del corazón, la que crece a medida que encontramos nuestro sentido en el proceso y no solo en el resultado.

Reevaluar la vida: La importancia del camino del corazón
Llegamos a un momento de la vida donde la rutina nos lleva a la deriva y nos olvidamos de reevaluar qué estamos haciendo. Es fácil dejarse atrapar por la rapidez del día a día, pero el camino del corazón nos invita a parar, reflexionar y cuestionar si realmente estamos siendo fieles a nuestros sueños y deseos más profundos. Este camino nos permite revisar nuestras prioridades, dejar atrás lo que ya no nos sirve y enfocarnos en lo que realmente importa.
Reevaluar nuestra vida es un acto de valentía. Es abrazar la incertidumbre con la confianza de que hay algo más grande esperando por nosotros. Es elegir no seguir el camino marcado por la sociedad, sino el que sentimos que nos pertenece.

El lado positivo de la vida
En medio de las dificultades, hay algo poderoso: el lado positivo de la vida. Todos enfrentamos desafíos, pero la forma en que los percibimos puede hacer toda la diferencia. Elegir enfocarnos en lo positivo, en lo que nos fortalece, en los momentos de belleza cotidiana, nos permite no solo sobrellevar las adversidades, sino crecer a través de ellas.
Recuerdo una vez, durante un momento difícil en mi vida, salir a caminar por el bosque. La lluvia caía suavemente sobre las hojas, creando un sonido casi terapéutico. En ese instante, me di cuenta de que, aunque la tormenta exterior fuera inevitable, mi perspectiva interior podía cambiar todo. La naturaleza, a pesar de estar mojada, estaba llena de vida, y yo también podía elegir esa vida en mí.

Vivir con sentido
El sentido de la vida no se encuentra en una felicidad momentánea, sino en el compromiso con aquello que da valor a nuestro existir. Vivir con sentido significa buscar ese equilibrio entre el bienestar hedónico y el propósito eudaimónico. Es encontrar la paz en el camino, abrazar las dificultades y aprender a ver lo positivo en todo.
El vuelo del alma del mirlo, ligero y sereno, nos recuerda que, a pesar de las tempestades, podemos volar más alto cuando vivimos con sentido.
¡VUELA!


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