“Cambia lo superficial, cambia también lo profundo”, canta Mercedes Sosa con una voz que acaricia y sacude al mismo tiempo. La canción “Todo cambia” no solo es un himno a la transformación, sino también un recordatorio de que la vida está en constante movimiento. No hay nada que permanezca intacto: ni el paisaje, ni las emociones, ni nosotros mismos.

La impermanencia puede ser un pensamiento inquietante, sobre todo cuando nos aferramos a personas, cosas o situaciones que nos hacen sentir seguros. Sin embargo, como decía el poeta, “nos iremos ligeros de equipaje”. Aferrarse es, en cierto modo, cargar con un peso que no podemos llevar más allá de esta existencia. Todo lo que poseemos, lo que amamos, lo que tememos perder, es transitorio.

Si aceptamos que todo cambia no tenemos por qué resignarnos, sino vivir con plena conciencia de cada momento. Significa valorar lo que tenemos mientras está, sabiendo que también se irá. En lugar de llenarnos de ansiedad por el cambio, podríamos aprender a abrazarlo, a fluir con él. Porque el cambio también trae consigo posibilidades: el amanecer tras una noche larga, la calma después de la tormenta, una nueva versión de nosotros mismos.

La canción también nos invita a reflexionar sobre la identidad. Aunque todo cambie a nuestro alrededor, hay algo esencial que permanece: la esencia, el corazón que se adapta y sigue latiendo a pesar de las tormentas. Es esa parte nuestra que sabe amar, que encuentra belleza en lo efímero y que, al final, se reconcilia con la idea de dejarlo todo.

Quizá hoy sea un buen día para mirar a nuestro alrededor y preguntarnos: ¿Qué estamos llevando en nuestro equipaje? ¿Qué podríamos soltar para caminar más ligeros? Porque el cambio no es una pérdida, es una transformación. Y en esa transformación, tal vez, descubramos que todo lo que realmente necesitamos cabe en el espacio infinito de nuestro corazón.

La impermanencia

El concepto de impermanencia no es nuevo. Desde las enseñanzas budistas hasta las filosofías estoicas, la humanidad ha reflexionado sobre la naturaleza transitoria de la existencia. Los budistas, por ejemplo, nos animan a contemplar la impermanencia para liberarnos del apego y, en última instancia, del sufrimiento. Cuando aceptamos que nada es permanente, aprendemos a disfrutar del presente sin obsesionarnos con el pasado o el futuro.

De manera similar, los estoicos nos invitan a practicar la «preparación para la adversidad». Esta filosofía no es una llamada al pesimismo, sino una herramienta para enfrentar los cambios inevitables con serenidad y valentía. Saber que todo es transitorio nos prepara para enfrentar la pérdida, pero también nos permite apreciar las cosas mientras las tenemos.

En la naturaleza, el cambio es la norma. Las estaciones se suceden, los ríos moldean su cauce y las estrellas nacen y mueren. En este flujo constante, la resistencia al cambio es una lucha contra lo inevitable. Cuando abrazamos el cambio, nos conectamos con el ritmo natural de la vida.

¿Cómo podemos aplicar esta reflexión a nuestra vida cotidiana? Una forma es practicar el desapego. Esto no significa dejar de amar o valorar, sino aprender a soltar con gratitud cuando algo llega a su fin. Puede ser una relación, una etapa de la vida o incluso un objeto que ya no necesitamos. Al hacerlo, creamos espacio para lo nuevo y permitimos que nuestra energía fluya hacia lo que realmente importa.

Otra forma es cultivar la gratitud por el momento presente. En lugar de enfocarnos en lo que podríamos perder, podemos celebrar lo que tenemos ahora. Cada instante es único y fugaz, y al reconocer su valor, nos conectamos con la belleza de lo efímero.

Finalmente, podemos inspirarnos en la letra de “Todo cambia” para recordar que la transformación es parte de la vida. En cada cambio hay una lección, una oportunidad para crecer y una invitación a vivir más plenamente. Dejemos que la música y las palabras de Mercedes Sosa nos guíen hacia una vida más ligera, más libre y más en paz con la impermanencia.


Comentarios

3 responses to “Todo cambia: una reflexión sobre la impermanencia I”

  1. El abrazo a la impermanecia es la llave maestra de toda transformación. Lo considerado sencillo e inofensivo como puede ser el aleteo de una mariposa, puede generar efectos incalculados en cualquier tiempo, lugar, personas. Por eso, lo incondicional del cambio es lo que permanece en la eternidad. ✨🦋🫀

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  2. El abrazo a la impermanecia es la llave maestra de toda transformación.
    Lo considerado sencillo e inofensivo, como puede ser el aleteo de una mariposa, puede generar efectos incalculados en cualquier tiempo, lugar, personas. Por eso, lo incondicional del cambio es lo que permanece en la eternidad. ✨🦋🫀

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    1. Perdón por no contestar. He estado mucho tiempo al margen. Hoy retomo la escritura a partir del visionado de Sirat, la dura película de Oliver Laxe. Primeramente, gracias por leerme. En segundo lugar, gracias por tu comentario. En tercer lugar, gracias por las mariposas.

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