Querida Ione Belarra y afines

Hace poco, durante la comisión de investigación a Mariano Rajoy, nos deleitaste con una de esas frases que demuestran que ciertos prejuicios siguen firmemente anclados en el imaginario de algunos. Afirmaste, con total seguridad, que los gallegos no tenemos fama de caer bien a la gente. Y eso que tú sí me caías bien. No puedo decir lo mismo de Mariano Rajoy.

Fue esa una afirmación audaz, sin duda, que nos lleva a preguntarnos: ¿en qué fascinante estudio sociológico te basaste para llegar a esta conclusión? ¿O simplemente era otra de esas frases que se lanzan sin pensar, alimentando los mismos estereotipos rancios de siempre?

No es nada nuevo, claro. A lo largo de la historia, Galicia y sus habitantes hemos sido objeto de todo tipo de etiquetas, cortesía de aquellos que, en su infinita sabiduría, han decidido que no basta con desconocernos; además, es necesario catalogarnos. Somos, según algunos, rudos, cerrados, supersticiosos, desconfiados y, ahora, poco graciosos. No sé si alguna vez has caminado por una romería gallega, compartido una noche de foliada, escuchado un monólogo de Cándido Pazó o visto cómo un gallego te responde con retranca ante una pregunta impertinente. Pero te aseguro que, si lo hicieras, cambiarías de opinión en menos de un minuto.

Y es que Galicia es mucho más que los clichés que se nos han impuesto. Somos un pueblo con historia, con raíces profundas, con una lengua y una cultura que han resistido siglos de menosprecio y que, a pesar de todo, seguimos llevando con orgullo. Nuestra tierra ha dado algunos de los escritores más brillantes de la literatura en español y en gallego, científicos de renombre, músicos de talento incomparable, pensadores, artistas y, por supuesto, políticos que han marcado la historia de España.

Así que, Ione, tal vez antes de lanzar afirmaciones tan categóricas, podrías tomarte un tiempo para conocer de verdad a Galicia y a los gallegos. Quizás descubrirías que, además de caer bien a quien nos trata con respeto, somos hospitalarios, resilientes, trabajadores, y, sí, con un sentido del humor tan fino que a algunos les cuesta entenderlo.

De todas formas, no te preocupes. Galicia sigue aquí, con su mar inmenso, sus bosques de niebla, su cultura vibrante y su gente, que caminamos adelante, con o sin la aprobación de quienes prefieren los estereotipos a la realidad.

Atentamente,
Una gallega orgullosa de su tierra y con más retranca de la que puedas imaginar.


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