Hoy no quiero hablar de tristezas ni de cosas que pesan. Hoy quiero hablar de la alegría. De esa alegría que nos sorprende sin previo aviso, como cuando encuentras dinero en el bolsillo de un abrigo viejo o cuando alguien te sonríe en la calle y, sin saber por qué, te cambia el día.

A veces pensamos que la alegría está lejos, que hay que alcanzarla como si fuera una meta difícil. Pero la alegría está aquí mismo, escondida en lo cotidiano, en las pequeñas cosas que damos por sentadas. ¿No es maravilloso que estemos aquí? Respirando, leyendo, sintiendo. Que el mundo siga girando y nosotros, a pesar de todo, continuemos adelante.

Me he dado cuenta de que la vida está llena de detalles que nos devuelven la sonrisa si sabemos mirar:

  • La risa escandalosa de alguien que se olvida del mundo por un momento.
  • El olor a hierba mojada después de la lluvia. Me encanta.
  • Un perro corriendo feliz, como si no existiera nada más que el ahora.
  • Las manos de alguien querido sirviéndote un plato de comida caliente. Si es de mi madre, mejor.
  • Un mensaje inesperado que dice: “eres un encanto”.

La alegría no siempre tiene que ser algo grande o ruidoso. A veces es silenciosa, como una tarde en calma, un libro que no quieres que se acabe, o el primer día de sol después de muchos días grises. Está en la gente con la que nos cruzamos, en las canciones que nos acompañan, en las pequeñas victorias que celebramos aunque nadie las vea.

Hoy te propongo algo: busca tu alegría. No tiene que ser perfecta ni espectacular. Tal vez sea ese paseo donde el viento te despeina y te quedas despelujada, esa foto antigua que te hace sonreír. La alegría es así: sencilla, accesible, pero solo la encuentra quien se detiene a mirar.

Y si no la encuentras, créala. Pon tu canción favorita y canta como si nadie te oyera. Manda un mensaje a alguien que quieres y dile lo importante que es para ti. Ríete fuerte, sin miedo a parecer ridículo. Baila, salta, come ese postre sin pensar en nada más.

La vida no siempre es fácil, pero incluso en los días más grises, hay razones para sonreír. Hoy, desde este rincón, quiero recordarte que la alegría está aquí. En ti, en mí, en todo lo que nos rodea. Solo hay que dejarla entrar.

Así que sonríe. Porque aunque no lo sepas, alguien puede estar mirando y pensando: “qué bonito es ver a alguien feliz”.

Y si todavía no encuentras la alegría, tranquila. Vendrá. Porque la alegría siempre vuelve a aparecer.

¡Hoy es un buen día para estar contentas! ✨


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