¡No hay más tiempo!
El cambio climático no es un debate, es una realidad. Y sin embargo, aun hay quienes, desde la comodidad de su escepticismo, prefieren mirar a otro lado. Richard Gere, en los Goya, nos recordó lo esencial: «Debemos encontrar el coraje de levantarnos y luchar juntos.» Porque esto no es una batalla individual, no es cuestión de egos ni de intereses particulares. Es una urgencia colectiva. Es el nosotros frente al abismo.
Mientras algunos discuten si la crisis climática es real, África arde bajo olas de calor insoportables. El Amazonas se desangra bajo la motosierra de la codicia. El hielo eterno se desmorona, los océanos suben, los bosques menguan. Las cifras son frías, pero la realidad es devastadora. Y no es el futuro. Es ahora. Es hoy.
Nos han hecho creer que el cambio comienza en lo pequeño: reciclar, consumir menos plástico, reducir el desperdicio. Y aunque cada gesto cuenta, lo cierto es que la transformación real requiere de una movilización mucho mayor. No basta con plantar árboles si seguimos permitiendo que los gobiernos y corporaciones los talen por hectáreas. No basta con apagar la luz si la maquinaria del extractivismo sigue devorando el planeta.
El reto es levantarnos, como dijo Gere. No basta con indignarse, hay que actuar. Hay que exigir. Hay que estar en las calles, en los espacios de decisión, en las urnas. Hay que hacer ruido, organizarse, empujar cambios sistémicos, desafiar a quienes lucran con la destrucción. Porque esta es la única casa que tenemos y la estamos perdiendo.
No es el yo, es el nosotros. No es mañana, es ahora. No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia. Es momento de coraje. Es momento de levantarnos.


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