Vamos a seguir, si os parece, con el hilo abierto en otra entrada, dedicada a la PNL, en la que decía que iba a pensar un poco sobre el hecho de cómo tratar con personas maleducadas.

A pesar de la técnica que ya os mencioné, aplicada por el maestro de aikido Ueshiba, la verdad es que es muy difícil mantener el tipo cuando alguien te grita porque sí, sin motivo aparente, sin ningún pudor. Creo, además, que, aunque esa persona tuviese algún motivo justificable NUNCA, digo NUNCA debemos gritar o tratar mal a los demás. No es algo místico o de ñoñería, es algo de sentido común.

¡Mirad! Os cuento una cosa muy personal. Llevo de baja desde el mes de febrero por razones que aun desconozco, debido a que no tengo un diagnóstico claro. Me duele el abdomen, me arden las costillas, es como si me clavaran agujas una y otra vez, como si me retorciera con los espasmos, y eso se me traslada a la espalda y a casi todo el cuerpo. Pues voy a explicaros cómo he vivido en propia persona lo que considero que son dos ejemplos de «maltrato» médico. El primero ocurrió cuando me fui al Hospital Juan Cardona de Ferrol por sanidad privada, porque me tuve que hacer, desgraciadamente, un seguro médico particular, pagando, aunque pertenezco a la Seguridad Social. El doctor que me recibió, hombre de unos cincuenta años, traumatólogo, no tardó ni dos minutos en atenderme. Ni siquiera me realizó una exploración, bueno, sí, brevísima, porque en el momento en que le mencioné que me dolía mucho todo el cuerpo me echó casi literalmente de la consulta, con su cara desdeñosa, como queriéndome decir que eso no eran más que tonterías para su nivel de formación y no podía perder el tiempo conmigo. ¡Eso no es de traumatólogos!. Puede ser verdad, pero trate un poquito mejor a las personas, ¡hombre!, que somos de la misma quinta.

La segunda de las circunstancias me produce un poco de risa y casi ternura. Mi doctora del Ambulatorio de Santiago de Compostela, el Concepción Arenal, ya de la Seguridad Social tiene un carácter que me asusta. Cuando vas a visitarla, siempre te manda callar: ¡calla!, ¡calla! No deja que le plantees dudas, solo te cede ese instante en el que ella también se sume en el silencio. Y que no se te ocurra tampoco tratar más allá del tema con el que solicitaste la cita ese día, es decir, no tienen cabida otras preocupaciones, puesto que no entrarían dentro de esos diez minutos que los médicos de familia disponen para observarnos (alrededor de cuarenta pacientes diarios) Ciertamente un despropósito creado por los Gobiernos.

Su actitud me provoca malestar, también es cierto que mucho más al principio que ahora. Bastantes pacientes salieron llorando de su consulta por los pasillos. Y la respuesta de la doctora es siempre la misma: ¡búsquense otros doctores, que hay muchos con cupo libre! Yo continúo con ella, porque es buena facultativa y está siguiendo las pautas que creo se deben seguir en todo esto, pero quizá debería reflexionar un poco sobre el hecho de por qué nos trata así a los pacientes que vamos con dolencias. Por el momento, he tomado la decisión de no hablarle hasta que me pregunte e incluso hago chistes (no se me da muy bien lo de los chistes) para sacarle importancia a sus riñas. Me siento en la silla de enfrente, observo sus pendientes, que varían según las semanas, no se le ve la cara porque aun lleva mascarilla y me pregunto ¿pero qué le pasará a este mujer?

Sucede en todos los trabajos

Esta triste problemática podemos encontrarla en todos los trabajos (hablaré del acoso laboral y de la tiranía de los jefes en otro momento) Ahora dejo de mencionar las disputas que existen en el mío, pero sí en el de mi hermana. Como os dije en la entrada de PNL, mi hermana trabaja en una televisión de prestigio de las que vemos todos los días, no es la pública, y tiene una compañera muy maleducada, que solo se dedica a gritar a los demás. Esta mujer, genera un nivel de estrés en los trabajadores que resulta cuando menos insoportable. Mi hermana, y seguro que muchas, o todas, las que leéis estas líneas, ya cuenta con sus propias angustias personales: anda con mucha velocidad, en Madrid es el signo del día, para llegar a su trabajo a las siete de la mañana, después de no dormir mucho, levantarse a las seis, conducir durante una hora en coche para cruzar la ciudad y ‘hacer encaje de bolillos’ para conciliar su vida laboral con la familiar. Para mí es una persona admirable. Pero, ¿es necesario aguantar y tolerar que esta compañera, porque no es más que una compañera, tenga un estatus superior o no, llamémosla Trinidad, como la película, te trate mal?

¿Qué hacer y por qué la gente actúa de este modo? Planteamiento budista

El comportamiento humano, en muchas ocasiones, parece inexplicable: ira descontrolada, envidia, egoísmo o manipulación. ¿Qué impulsa realmente estas actitudes? El budismo, con su enfoque introspectivo, nos ofrece una perspectiva que no solo explica el origen de estas conductas, sino que también nos guía hacia una respuesta más sabia.

En el budismo, se entiende que las acciones negativas surgen del sufrimiento interno y de la ignorancia (Trinidad es muy ignorante) No se trata de ignorancia en términos de falta de conocimiento académico, sino de una desconexión con nuestra verdadera naturaleza y con la interdependencia que compartimos con todos los seres. Según las enseñanzas, las emociones destructivas como el deseo desmedido y el miedo son raíz de gran parte del sufrimiento que experimentamos y proyectamos en los demás.

Entonces, ¿qué hacemos cuando enfrentamos comportamientos dañinos, ya sea de los demás o propios? Desde esa perspectiva budista, hay tres pasos fundamentales que podemos tener en cuenta. Elegimos la perspectiva budista porque, además de que me gusta mucho y me da cierto consuelo, la otra perspectiva sería la del «ojo por ojo» y no me parece muy acertada.

1.Si os parece, entendamos, en primer lugar, que el sufrimiento es universal, de modo que alguien que actúa de manera hiriente lo hace porque está atrapado/a en su propio dolor o confusión. Por ejemplo, un comentario cruel puede ser la expresión de una inseguridad profunda o de una necesidad de validación que no se satisface. ¿Qué le pasará a Trinidad en su casa? Conozco a una persona que me ha dejado de hablar y estoy segura que vive un infierno.

2. ¿Por qué no cultivar la compasión?: esto no significa justificar el daño, sino desarrollar empatía por el otro al reconocer que, en esencia, todos buscamos ser felices, aunque a veces nuestros métodos sean equivocados. No pongo una cita de este Dalai Lama porque es un hombre al que no se le entiende nada cuando escribe. Es realmente complejo de seguir.

3. Intentemos responder a Trinidad con sabiduría, no desde la reacción: la práctica budista nos anima a pausarnos antes de reaccionar impulsivamente. ¿Es útil lo que vamos a decir o hacer?, ¿mejorará la situación o la empeorará?

En un caso cotidiano, supongamos que alguien como Trinidad se dirige a nosotras con hostilidad. En lugar de devolver la misma energía, el budismo nos invita a respirar, a observar cómo esa hostilidad intenta arraigarse, y a responder con serenidad, rompiendo así el ciclo de la agresión.

Las enseñanzas del budismo no buscan solo explicar el «por qué» del comportamiento humano, sino darnos herramientas para actuar con más comprensión y menos reactividad.

¿Quizá podamos aplicar la resistencia pasiva de Mahatma Gandhi?

Yo le digo muchas veces a mi hijo pequeño (21 años), que es el que tiene discapacidad y de ella deriva una conducta agresiva: «filliño», ante los que te atacan, date la vuelta y emplea la resistencia pasiva. No sé si es capaz de entenderlo, claro.

La resistencia pasiva, o satyagraha, como la definió Mahatma Gandhi, es un enfoque no violento para enfrentar situaciones de injusticia o conflicto. Aplicarla en el contexto de una reacción ante comportamientos agresivos implica rechazar la violencia física o verbal como respuesta y, en su lugar, optar por una actitud basada en la firmeza moral, la verdad y la compasión.

¿Cómo se aplica la resistencia pasiva?
1. No participemos, por favor, en el ciclo de violencia: no respondamos a actitudes agresivas, con más agresión. Por ejemplo, si alguien insulta o provoca, la resistencia pasiva invita a no reaccionar desde la ira, sino a mantener la calma y la dignidad. Sé que es realmente difícil; lo sé.

2. Comunicación consciente: podemos responder con serenidad y claridad, sin ceder a provocaciones. Esto no significa no decir nada, sino expresar la verdad de forma constructiva. Gandhi creía en el poder transformador de la verdad: «la verdad nunca daña una causa que es justa

3. Acción no violenta: en casos más complejos, la resistencia pasiva puede incluir acciones simbólicas como el silencio colectivo, la retirada pacífica o la exposición pública de la injusticia sin buscar el enfrentamiento.

4. La fortaleza interior: la práctica de la resistencia pasiva requiere desarrollar paciencia, autoconocimiento y control emocional. Gandhi consideraba que no era una estrategia solo hacia el exterior, sino también una disciplina interna.


La resistencia pasiva no es un signo de debilidad, sino de gran fuerza. Implica enfrentar la injusticia desde un lugar de firmeza moral, con la intención de transformar las dinámicas negativas. Como Gandhi enseñó, la verdadera victoria no es «aplastar» al otro, sino cambiar su corazón y su mente.

CODA

Para Trinidad:

«Trinidad, con todo el cariño, ¿te has planteado que tus gritos podrían ser la alarma de incendio emocional que nadie pidió? Sabemos que el trabajo es estresante, pero… ¿qué te lleva a comunicarte así, como si estuviéramos en un concurso de quién levanta más la voz? Si nos lo cuentas, tal vez podamos ayudarte antes de que perdamos todos las palabras y la paciencia. Prometemos no llamarte ‘huracán Trinidad’ (demasiado)»


Para Olalla:

«Olalla, hermana, piensa en Trinidad como un volcán en erupción: espectacular pero peligroso. No la apagues con agua hirviendo (eso solo causa más vapor) Practica la calma zen (no te rías): respira, pon tu mejor sonrisa de Buda, y cuando lance su magma verbal, responde con algo como: ‘Trini, ¿estás bien? Porque no quiero que te dé un infarto y tengas que gritar desde la ambulancia.’ Eso sí, si Trinidad persiste en la suya, Gandhi estaría orgulloso de que levantes la mano… ¡para pedir mediación laboral!»

Si quieres que desarrollemos este concepto para una entrada más específica o ejemplos más concretos, ¡házmelo saber! 😊


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