En la vida, el cambio es constante e inevitable, pero no siempre estamos preparados para recibirlo. Las enseñanzas del taoísmo, una filosofía milenaria de origen chino, nos ofrecen valiosas lecciones sobre cómo aceptar la incertidumbre y adaptarnos con serenidad.
El taoísmo nos recuerda que el universo tiene un flujo natural, un «Tao» , o «camino» que guía todas las mutaciones. En lugar de resistirnos a lo desconocido o intentar controlar cada aspecto de nuestra vida, podemos aprender a desarrollarnos, como el agua (Heráclito) que encuentra su curso sin esfuerzo y se acomoda a cada obstáculo en su camino.
El hecho de asimilar la incertidumbre no significa resignarse, sino cultivar la resiliencia y abrirnos a nuevas oportunidades. Cuando aprendemos a confiar en los ritmos naturales y amoldarnos a los cambios, descubrimos que podemos resolver los desafíos con una mente más tranquila y abierta. Al hacerlo, no solo hallamos fortaleza, sino también la oportunidad de crecer y de descubrir aspectos de nosotras mismas que antes no veíamos.
Tiempos inciertos
En estos tiempos donde lo incierto parece ser la única constante, el taoísmo nos invita a mirar la vida desde otra perspectiva, una que no busca forzar el control, sino armonizar con lo que ya es. La filosofía taoísta nos enseña a vivir en consonancia con los ritmos naturales, recordándonos que la verdadera fuerza no radica en resistirse al cambio, sino en fluir con él. Para los antiguos sabios chinos, la sabiduría de intentar dominar los ciclos naturales es, en última instancia, una fuente de frustración y agotamiento. Por el contrario, soltar y observar lo que cada momento trae se convierte en un acto de sabiduría.
Esta filosofía nos ofrece también una especie de alivio, puesto que nos libra de entender todas las respuestas y que el progreso es una parte inevitable del proceso y nos permite soltar las cargas de la perfección y la certeza.
Si practicamos el Wu Wei, uno de los principios básicos del taoísmo, que estudiaremos más adelante, esto es el «no-hacer» o «no forzar», captamos cada situación con la serenidad y la sensibilidad adecuadas, sin el peso de la resistencia. Este concepto nos muestra que el verdadero poder no reside en tratar de dominar cada detalle, sino en confiar en que, aunque las aguas sean turbulentas (recordemos a Garfunkel), el río siempre encuentra su cauce.



Deja un comentario